Superar un divorcio: Conoce cómo lograrlo

Nadie cuando se casa imagina que se va a divorciar, y eso creo que lo podemos confirmar casi todos. Un divorcio puede ser muy doloroso, y además puede haber causas que lo exacerben más, como el que haya hijos en la relación matrimonial de pareja.

Si bien, para algunas personas religiosas, la palabra divorcio no existe en el diccionario, puesto que ven el matrimonio como sacramento de Dios, y por lo tanto no existe su disolución, salvo que incumplan o rompan las propias personas las normas de Dios.

Hay muchas personas que no ven mal divorciarse. Los motivos para divorciarse pueden ser varios. Por ejemplo, aunque es duro superar una ruptura hay gente que prefiere divorciarse antes que tolerar un caso de infidelidad.

Además, muchas veces no pensamos en que hay que superar la ruptura cuando somos nosotros mismos los que nos divorciamos.

Factores que influyen a la hora de superar un divorcio

Factores que influyen a la hora de superar un divorcio

Pero existen otros puntos de vista como el de nuestros propios hijos. Es decir, cuando eres hija o hijo, también tienes que superar el divorcio tus padres porque no siempre lo vas a llevar bien.

Ten en cuenta que muchas veces vives en un entorno familiar que para ti era inamovible y permanente, y de repente ves cómo se desintegra y todo se queda en nada súbitamente. Claro, que las cosas se ven venir normalmente, y las cosas no ocurren de la noche a la mañana.

Pero también hay personas que se divorcian a más edad de lo que se considera habitual.

Considerando normal en el divorcio romper la pareja a una edad media en la vida, por diversos avatares que hayan sucedido en la pareja y que hayan llevado al resentimiento y al dolor, aparentemente, irreparable.

La decisión de superar un divorcio

La decisión de superar un divorcio

Por ejemplo hay personas que se divorcian incluso con sesenta años, cuando parece que los hijos ya han crecido.

Aunque aparentemente a esta edad ya no hace falta tomar decisiones tan drásticas porque, en principio, todos pensamos que se conoce a la persona con la que estamos y no debe haber problemas, precisamente el cambio que dan algunas personas invita a algunos a divorciarse.

Cuando nos divorciamos una parte importante de este proceso es el del duelo que vamos a experimentar, que vamos a vivir y a atravesar. En efecto, el dolor tiene algunas fases que no atravesamos todas de golpe, aunque tampoco siempre las atravesamos en el mismo orden.

Y lo que hace esto es que vamos desde el resentimiento y el dolor hasta la aceptación y la superación, si cabe, del mismo proceso que nos lleva al divorcio.

Cómo vivir el duelo al superar un divorcio

Cómo vivir el duelo al superar un divorcio

Se diferencia del duelo de la viudedad en que la viudedad es una ruptura a nivel tanto emocional como físico con una persona, pero de forma repentina puesto que proviene de la muerte de uno de nuestros seres queridos.

Mientras tanto, en el divorcio lo que ocurre es que en esta separación que también es física en cuanto a convivir, como emocional, tiene lugar a lo largo del tiempo y por una parte es más doloroso porque se va acumulando la frustración a lo largo de todo el proceso, ya que no sucede de la noche a la mañana.

Pero por otra parte es menos doloroso en el sentido de que no es súbita y repentina como decimos. En cualquier caso, mucha gente recomienda ante todo intentar llegar a un acuerdo, no para divorciarse sino más aún para reconciliarse.

Superar un divorcio

Superar un divorcio

Porque la persona con la que vivíamos antes no puede ser que haya cambiado tanto. Y si hemos elegido aparentemente mal, porque hemos pensado que una persona era de un modo que en realidad no es, deberíamos pensar en amar un poco más y aceptar más a la persona que tenemos al lado.

Idealizamos a una persona durante el noviazgo, y luego vemos que la persona no es exactamente como pensábamos. Esto puede ser bueno y malo a la vez, porque podemos madurar en este proceso de aceptación de la persona con la que realmente estamos, y eso nos hace mejores.

Por otra parte, somos personas que a menudo nos rendimos en nuestras propias metas, incluida la del matrimonio. Si vemos que la relación no funciona en lugar de tratar de arreglarla, la rompemos, y eso no es bueno para nadie.

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