Suicidio: Un aspecto nefasto en la vida

Antes de considerar este aspecto tan nefasto en la vida como es el suicidio, habría que considerar algunos aspectos de la vida que nos causan verdaderamente dolor. ¿Para qué estamos en esta vida? ¿Estamos para ser felices, o estamos para vivir honrando nuestros valores, a los máximos valores que podamos imaginar?

Por supuesto, existe siempre algo que va más allá de nosotros, y que nos trasciende. Esto significa que más allá de buscarnos a nosotros mismos en la vida, y más allá de buscar nuestro propio beneficio, podemos dedicarnos a causas más grandes que nosotros mismos.

Partiendo de esta base quiero hablar del suicidio, un tema tan delicado y tan personal, que demuestra y deja entrever cómo va nuestra relación con lo supremo, con Dios. El suicidio básicamente dicho es quitarnos la vida.

Por qué el suicidio

Por qué el suicidio

Quitarnos una vida regalada, una vida que nos han dado y que viene normalmente del amor. La vida se crea y nace con el acto sexual, y normalmente, salvo supuestos que ahora no vienen al caso, viene de un amor hacia otra persona.

Un amor que en el mejor de los casos nos trasciende a nosotros mismos. Un amor inspirado por Dios. Por lo tanto, desde ese punto de vista la vida no es nuestra, sino que es un regalo. Pero cabe preguntarse que, si la vida es un regalo, ¿por qué es tan fácil sufrir en ella y sentirse muy mal a veces?

Son cosas que nos trascienden como digo, y que si andamos siempre buscándonos a nosotros mismos, jamás hallaremos la solución a este problema. Así es como debemos afrontar la vida, con estoicismo, con sufrimiento, con entrega y con una vida ante todo con significado y sentido para vivirla.

El sentido de la vida

El sentido de la vida

Pero cuando perdemos el significado o el sentido de la vida, o más bien, si se nos rompe por completo y se hace pedazos, empezamos a dudar de la vida de la propia existencia. Por lo tanto, empezamos a dejarnos influir por malas voces internas, que nos invitan a que hagamos una locura que, en realidad, es más que sólo una salvajada.

Se trata de matar a alguien y, en concreto, a nosotros mismos. Matarnos a nosotros mismos está muy mal, porque en realidad estamos quitando una vida alguien, en este caso a nosotros mismos, que no nos pertenece sino que es pertenencia de la creación.

No vale decir, aunque se pueda entender en algunos casos, que nos sentimos mal ni que estamos viviendo en la calle. No. Hay que luchar con lo que la vida nos traiga y aunque yo nunca he vivido en la calle ni nunca he sufrido tanto como para que piense que deba suicidarme, pienso que haya lo que haya existe un límite para las cosas.

Y que si la vida quiere que nos muramos estemos tranquilo que nos moriremos. Pero en ningún caso debemos ni hay que provocar esta muerte, ya que ¿quién sabe qué vendrá después?

Prepararnos para la vida

Prepararnos para la vida

Además, si somos agradecidos, aunque suframos y nos odiemos a nosotros mismos y al prójimo, hay que aguantar con lo que venga porque igual que nos sentimos fatal hoy, a lo mejor mañana pueden cambiar gradualmente las cosas, o ¿quién sabe?, a lo mejor cambian de golpe.

Nunca se sabe lo que nos tiene preparada la vida, pero en todo caso el suicidio no es una opción. ¿Os imagináis que un jugador del Real Madrid se sale de un partido porque quiere y deja al equipo con diez, sin consultar y de manera unilateral?

Eso no vale, no está permitido por las reglas del juego y aunque física y materialmente se pueda hacer, no es algo que debamos contemplar. Por lo tanto hay que hacer un poco de estómago y tener estoicismo para la vida misma, y no dejarnos influir por esos ánimos negativos que nos dicen que la vida no vale la pena.

Cuando pedir ayuda

Cuando pedir ayuda

Siempre antes de que vengan las primeras dudas sobre morir o no hay que pedir ayuda, hay que pedir y agotar todos los recursos que tengamos disponibles a nuestro alcance antes de cometer locuras irreparables para nosotros como para, también, los demás.

El suicidio no tiene vuelta atrás, e imaginad que si después viene un castigo o una penalización por habernos ido del juego antes, ¿entonces qué hacemos? De momento a nuestros familiares y seres queridos ya les estamos penalizando.

Como digo, es como si FIFA nos castiga toda la temporada por irnos de un partido antes de tiempo. Hay que ser por tanto prudente y andarse con pies de plomo. Porque puede que este partido que jugamos sea el último de nuestra carrera si no nos andamos con cuidado.

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