Qué es la familia y cómo influye en nuestro desarrollo

La familia es muy importante ya que todos sabemos que en ella se crea nuestra forma de ser, nuestra personalidad y nuestro carácter, es decir, en otras palabras, nuestro temperamento.

Si la familia no es el lugar para nosotros en el que crecer seguros, sin duda ningún otro lugar lo será ya que en ella se dan las condiciones que necesitamos para crecer de una manera sana y salva, para probar y ensayar, cómo queremos ser en el mundo sin que nadie nos censura sino que nos den amor.

Qué es la familia

Qué es la familia

Es decir, en la familia así como también en la escuela es el lugar en donde nos desarrollamos y ponemos las bases de lo que seremos en el futuro en el mundo, con los demás. Por eso es que sin duda la familia es lo que más nos influencia a la hora de crecer y desarrollar, como hemos dicho, nuestra personalidad.

Lo que vivimos en nuestra familia sin duda deja una marca muy profunda en nosotros, tanto para bien o para mal, por eso si somos padres o queremos formar una familia debemos pensar lo importante que es para nuestros hijos que nazcan en un ambiente saludable y positivo.

De otro modo podemos generar personalidades que se encuentren con problemas, a veces graves, a la hora que lidiar con el mundo. Porque si no han sido capaces de desarrollarse de forma saludable en un ambiente seguro, como es el que debemos proporcionarle a nuestros hijos con la familia, en ninguna otra parte probablemente tendrá la suerte encontrar un lugar seguro en el que crecer tranquilos sin que nadie los moleste.

Como decimos es en el ámbito familiar donde se hacen las primeras pruebas con nuestra vida y, a base de ensayo y error, aprendemos cuáles son las conductas que más nos pueden llevar al éxito personal, familiar, profesional, etcétera.

Cómo influye en nuestro desarrollo

Cómo influye en nuestro desarrollo

Por supuesto hay etapas que son impensables para los padres, en cuanto a que no van a comprender casi nunca a sus hijos como pasa, por ejemplo, en la adolescencia, pero por otra parte de todos los padres han sido adolescentes alguna vez. Y además nadie pide la perfección como padre y como hijo, sino poner amor y un poco de comprensión a cada situación.

Así vemos cómo creamos vidas felices desde la raíz, que es el lugar en donde se forman nuestros cimientos personales. En todas las familias se pasan unas etapas, en las que los hijos gradualmente van ganando responsabilidad, autonomía y, cuando se las han ganado, entonces viene el momento de ganar la libertad.

En realidad hay que saber que mucho de lo que hacemos por nuestros hijos, lo podemos hacer sencillamente pasando tiempo con ellos. Se requiere tiempo de calidad con nuestros pequeños, con nuestra familia, en definitiva.

Esto sucede porque cuanto más tiempo estés con ellos en un tiempo de calidad, más oportunidades tendrás para educarles en valores, y para ver cómo poco a poco con tu ayuda, entre otros, mejoran sus intereses y habilidades y se preparan para el futuro que sin duda, vendrá cuando menos se lo esperen si todo va bien.

Equilibrio familiar

Equilibrio familiar

Pero otro factor que hay que tener en cuenta, es que si nosotros como padres no estamos bien, nuestros hijos tampoco estarán bien. Y eso es una realidad de la que, nos guste o no debemos responsabilizamos, en gran parte de ella.

Porque nuestros hijos son muy sensibles a lo que pase en su entorno, ya que de pequeños todavía no han tenido tiempo físico desarrollar una estructura de la conciencia que les haga ajenos a los problemas que causamos nosotros, en nuestras propias vidas e incluso en las suyas, sin darnos cuenta.

Gran parte del comportamiento de nuestros hijos lo aprenden de nosotros. Por lo que debemos pensar que nuestros hijos son en muchos sentidos, simplemente, un reflejo de nosotros los padres.

Por eso no siempre hay que reprenderles cuando hacen algo mal, sino educarles que es, sencillamente, comprender que muchas de las cosas que hacen mal, sin ser conscientes, es directamente de nosotros de quienes las han aprendido.

Disfrutar de nuestra familia

Disfrutar de nuestra familia

Cuando pasamos tiempo de calidad con nuestros hijos, somos sus maestros, sus modelos y guías y, sin dudarlo una persona de referencia en sus vidas. Una persona que se convertirá en alguien con quien constantemente se compararán aunque no siempre lo hagan de forma consciente.

Una educación con amor sin duda les dará una buena autoestima, evitando futuros problemas en el comportamiento así como evitando trastornos de aprendizaje en la escuela.

De ese modo ¿quiénes somos nosotros para juzgar a nuestros propios hijos? En gran parte nos estaremos juzgando a nosotros mismos puesto que, como digo, nuestros hijos son sólo reflejos de nuestro propia forma de ser y comportamiento.

Además nuestros hijos no necesitan ser juzgados, sino por contra, ser educados cuando hacen algo mal y redirigidos se hace un comportamiento más saludable y adaptativo para sus entornos. Cuando juzgamos a nuestros hijos estamos quitándoles un amor que les corresponde por parte nuestra, a la vez que dejamos a un lado sus virtudes para centrarnos sólo en lo malo, algo que no es bueno en absoluto.

La importancia de nuestros valores

La importancia de nuestros valores

Con todo lo que hemos dicho cabe reseñar, ya solo por último, la importancia que tiene educar en valores a nuestros hijos. Los valores son algo más que simples elementos morales que utilizamos para tomar decisiones. Los valores trascienden a la persona humana individual, y nos pone en el conjunto de una sociedad que mira no sólo por el bien de una persona individual, sino también por el bien de las demás.

Toda vida es, en cierto modo, un proyecto: un proyecto moral, ya que cuando no tenemos ningún proyecto para vivir hablamos de personas que están sencillamente desmoralizadas.

Desmoralizadas no en el sentido acusatorio de la palabra sino en el sentido de desánimo y de angustia existencial, de la situación en la que se cae cuando vemos sencillamente que no tenemos ningún plan futuro. De ahí que no tener moral es no saber qué hacer con nuestra vida.

Así, siguiendo con éste asunto es bueno decir que todos tenemos derecho a la libertad y a la seguridad, pero a la vez debemos ser educados para que los demás con nosotros también gocen de ese derecho. Puesto que ¿de qué sirve que para nosotros lo tengamos bien pero, en cambio, para los demás lo pongamos difícil: mal? Al final no me cabe ninguna duda de que no sería un acierto, puesto que llevaría a problemas a medio plazo y a largo.

Qué es la felicidad

Qué es la felicidad

La felicidad pasa por buscar lo mejor para nosotros, pero nunca podremos obtener lo mejor para nosotros si no buscamos aquello que es bueno para nosotros y para todos. Esto sucede porque cuando generamos algo basándonos en la explotación de los demás, sea de manera consciente o inconsciente, nuestro proyecto de vida está destinado a fracasar.

Y nuestro proyecto de vida necesita, como decimos, en el derecho a la libertad, derecho que, por otra parte, no se entiende si no viene acompañado de una gran responsabilidad por parte de nosotros hacia los demás. Hay una cosa que se puede observar y concluir que es que no debemos hacer a los demás lo que no nos gustaría a nosotros que nos hicieran.

Creo que ese concepto forma parte de la vida misma y se puede aplicar en cualquier circunstancia y edad. No hay que darle más vueltas a las cosas, si hacemos a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros mismos estamos generando una situación incómoda en la que, además, se puede poner en contra nuestra incluso.

Así es la situación, para la educación en valores. Saber que vivimos en sociedad y que no podemos permitirnos el lujo de mirar sólo por nuestro propio bien.

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