Muerto en vida: Una experiencia aterradora inminente

La muerte en vida es algo que sin duda muchos aterra. Sin duda, no hablamos de algo a lo que nos podamos atar, en el sentido de que sepamos que va a ocurrir. Es más bien, algo que podría sucederle a cualquiera, pero que no siempre va a suceder.

Por otra parte, la vida no es ninguna broma ni tampoco lo es el sentimiento de haber muerto para el mundo. Cuando por ejemplo, queremos a una persona, o cuando somos queridos por esa persona, es muy difícil vernos así a nosotros mismos al igual que el hecho de que ella o él nos vean también con esa actitud, comportamiento o modo de estar en el mundo.

Muerto en vida

Muerto en vida

Porque estar muerto en vida no es broma, a pesar de que mucha gente duda de que esto pueda existir, es un estado que no es nada bueno para nuestras vidas: es pura pasividad. Y, así, empezamos a dejar las cosas que más nos importan de lado para dedicarnos a hacer, en concreto, nada de nada.

Eso no es lo que deberíamos querer para nuestras vidas y, sin embargo, no sabemos cómo salir de ahí. Si parece que es fácil solucionarlo: salir a dar una vuelta al parque, y se acabó, no lo es tanto – al menos no para la gente que está, como decimos, muerta en vida – en sentido simbólico o figurado.

Nadie debería querer eso para sí. Ni nadie debería permitirlo. Pero, ¿qué es lo que lo provoca, que caen tantos en ello? Como digo, nadie debería tratar de caer ahí y sin embargo para algunos sencillamente no es algo negociable: están así, y están así. Punto.

Para arreglar esta difícil situación, no es necesario siempre ir a un psicólogo. A veces basta con nuestro propio esfuerzo, voluntad y para quiénes creen en Dios – mucha oración. De esta forma hacemos posible lo imposible, y rompemos las barreras de la inercia que nos tienen a menudo en clausura, en nuestra propia habitación, sin querer hablar ni salir con nadie.

Experiencia aterradora

Experiencia aterradora

De hecho a veces tus amigos, cuando estás así, se pregunta y no alcanzan a comprender qué te ocurre. Porque ni casi tú sabes qué ocurre. No tienes ganas de vivir, y querrías que todo acabara para ti.

La depresión sin duda es estar muerto en vida, en muchos sentidos, pero cuando alguien está deprimido quiere sentirse bien, tarde o temprano. Lo que no es tan normal es que alguien pretenda estar mal siempre, y que ni siquiera se quiera cuidar.

¿De qué vale eso? ¿De qué vale vivir para lamentarse? No entender que puede que tu problema tenga salida puede llevar a eso. ¿Pero qué ocurre cuando tu problema, lo que para ti y para muchos sería sin duda un duro revés, no se va a solucionar nunca?

Sin duda necesitas ayuda: de Dios. Y para ello tiene que rezar mucho hasta que Él te abra la puerta. La puerta de la tranquilidad que antes, aunque la dabas por descontada, siempre disfrutabas y ahora ya no.

Una situación inminente

Una situación inminente

Así es como se arreglan las cosas: no quejándose. Por mucho que tenga empatía y compasión hacia las personas que sufren esto, que las invade y que para mí y seguro para ellos es tan nocivo, y grave. Siendo así, y entrados ya en esta materia de la depresión, las causas pueden ser muchas porque a cada persona le duelen diferentes cosas aunque la raíz de ese dolor esté en el mismo lugar para todos: las emociones.

De tal modo que nadie se puede confiar, porque le puede pasar a cualquiera y no hay que ser tan arrogante, desde mi punto de vista y escrito sin aridez ni maldad, de pensar que somos inmunes a esto. De hecho ¿quién puede decir que nunca va a tener problemas cuando, a menudo, los problemas no avisan y llaman a la puerta sin avisar? ¿Quién puede prever eso?

Es así, la vida es un conglomerado de muchos eventos, de muchas cosas que ocurren sin que apenas sepamos de ellas con anticipación y, duele decirlo, pero a veces las cosas ocurren: malas. Aunque también buenas, claro.

Por supuesto que las cosas buenas ocurren ¿A quién no le han dado nunca una sorpresa? Y, ¿quién no se ha llevado nunca una buena sorpresa? La realidad es la que es, tanto lo bueno y lo malo a veces ocurren de manera muy poco esperada: de forma totalmente desapercibida para nuestros instintos anticipatorios.

Superarlo

Superarlo

Y eso es lo que hace bonita la vida, en ocasiones .Que estás hundido en la miseria, casi muerto en vida, y de repente algo pasa y vuelves a creer en las cosas. No, a lo mejor, en las que antes creías, pero sí en las que ahora crees y que, por fin, te generan la emoción de, de nuevo, querer vivir.

Pero para ello hay que curar y desinfectar de dolor interior todo nuestro contenido emocional, de tal forma que, cuando lo hagamos gradualmente, nos vayamos sintiendo liberados de nuestra propia culpa y de las cosas que sentimos, por dentro, que fueron mal a causa de nosotros mismos.

Eso es algo difícil a lo que no todos pueden recurrir, porque para mí eso es consigue sólo de una forma: la oración. La oración es el desinfectante de los virus del alma, que nos llena de pureza y nos limpia por dentro – sí, así es. Tal vez tú no creas en lo divino, en la verdad o en la Ley del amor y esto son cosas nuevas, ahora, para ti. Pero a lo mejor, algún día recuerdas éstas líneas y te invitan a pensar más a fondo – como a mí me pasó un día.

Nadie te puede obligar a en qué cosas tienes que creer: sería absurdo, porque podrías actuar con doblez, haciendo creer a la gente que crees en cosas que, en realidad, para nada tienes por ciertas.

Seguir adelante

Seguir adelante

Pero si una cosa es verdad, los demás si pueden ser para ti grandes ejemplos. De lo que puedes hacer, sí, pero también de lo que no debes hacer. Porque para eso estamos, para ayudarnos unos a otros no siempre de manera explícita, pero sí siendo maestros todos de todos. Si estás muerto en vida, sin duda, saldrás adelante aunque pueda ser que te tengas que dejar llevar un poco por la vida misma, antes de anteponer tus planes los cuáles has visto que ya no funcionan.

Y así es como nosotros, todos, tratamos de salir adelante. Con esfuerzo y pasión, pero con una carga sobre los hombros que sin duda será ligera cuando hacemos lo correcto. ¿Quién no se ha visto en un gran problema del cuál no sabía cómo salir? ¿Y de qué manera tan buena resultaron las cosas, al final?

De modo que así son las cosas. Así las contarás como yo, que tal vez un día también me veía en una situación difícil de la que salí adelante, Y ahora me encuentro no mejor, sino mucho mejor. Con más fuerza, y tolerancia a las dificultades.

Aunque, por supuesto, siempre buscando mi bien y el de todos. Un bien que no quite a nadie por dar a alguien, un bien que sea lo más universal posible. Y de esa manera saldrás adelante como lo he hecho yo, y muchos otros que también se las vieron difíciles en la vida.

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