Motivos para vivir

El término motivos para vivir es un concepto engañoso. Es verdad que necesitamos cosas que nos hagan ser felices, pero cuando decimos motivos para vivir no siempre somos conscientes de lo que en realidad, de manera implícita estamos diciendo.

Por ejemplo, si hablamos de motivos para vivir entendemos, por un lado y casi sin darnos cuenta, que necesitamos alguna motivación para vivir. Cuando en realidad, lo que ocurre desde mi punto de vista es que lo que sí necesitamos no son motivos para vivir, sino vivir con motivos.

Espero que cuando se lea lo que trato de explicar se entienda un poco mejor. Cuando hablamos de vivir con motivos, estamos diciendo que tenemos que vivir con alguna motivación, con algo que nos haga felices, con algo que nos haga sentirnos vivos.

Pero, no obstante, lo que ocurre es que cuando hablamos con el término inverso, motivos para vivir, significa que estamos diciendo que, de algún modo, que necesitamos algún motivo que alguien nos dé o que nosotros mismos busquemos y encontremos para vivir.

La vida es un regalo, y eso está más que claro cuando lo pensamos bien. Sufrir es parte de la vida, y cuando buscamos motivos para vivir significa que buscamos motivos para superar ese sufrimiento.

Pero es un concepto muy profundo todo esto, y al final no hay que perder la perspectiva de que no necesitamos motivos para vivir, sino vivir como motivos y con propósito. Cuando buscamos motivos para vivir es porque nos encontramos desalentados, porque sentimos que tenemos un propósito de vida.

Y por eso lo buscamos. Buscamos motivos para vivir. Pero no perdamos el punto importante de la cuestión, que es que en la vida va a haber momentos, y en la vida de algunas personas, además bastantes, en la que no encontremos ningún sentido aparente a la vida.

Y eso forma parte del crecimiento y la de la madurez de la persona y de la propia vida. No podemos estar siempre eufóricos, ni con motivos grande para vivir la vida. Incluso habrá veces en las que sintamos que nuestros proyectos se desvanecen, y que somos incapaces de sustituirlos por otros.

Esto al final invita a una clara cuestión que es que, si bien a veces no tenemos ningún motivo para vivir entonces ¿que haríamos? quitarnos la vida?. Por supuesto que no, lo que tenemos que hacer mientras esperamos a tener motivos para vivir, es buscar que motivos nos puedan servir de verdad.

Es mucho más positivo hablar de vivir con motivos, porque sencillamente es una aceptación incondicional de la vida, que aceptamos independientemente de cómo venga. Y así, lo único que tenemos que hacer a continuación es buscar el propósito o ese sentido que nos puede hacer vivir aún más plenamente la vida.

Pero si nos centramos en qué necesitamos para querer vivir, nunca vamos a encontrar nada. Las relaciones a veces se desvanecen. El dinero se gasta. La belleza se va y se altera por una vejez más penosa. Vienen los achaques, amigos mueren y familiares también. Moriremos nosotros.

Carreras que prometían se detienen, y jubilados ya pensamos que hemos hecho todo y que nada nos ha servido para nada realmente. Si bien yo no tengo edad para ver todo con esta perspectiva, es cierto que, por un lado, en realidad lo que nos hacen falta son propósitos de vida con los que vivir con propósito.

Pero no un propósito particular para vivir, porque como todo es temporal, todos nuestros motivos se desvanecen con el tiempo y ¿qué vamos a hacer entonces? Como he dicho, vivir es la única obligación, lo demás depende de nosotros y, por lo tanto, vamos a buscar un propósito bueno con el que vivir para aceptar esta vida, de antemano y siempre, de manera incondicional.

Opinar

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.