Juicio Moral

Denominamos juicio a aquella valoración subjetiva, al menos a menudo lo es, en la que nos disponemos a decir cómo vemos una situación, persona o cosa. Cuando hacemos un juicio estamos como se dice habitualmente enjuiciando.

Y la mente racional es muy capaz para este tipo de juicios. No obstante, pienso que no debemos ser tan enjuiciativos o juiciosos, y dejar a las cosas ser como en realidad son. Hablo de aceptar en lugar de juzgar y tratar de cambiar.

Hay una frase muy conocida, tal vez, por la gente que sigue los libros de autoayuda. Por favor Dios, permíteme que cambie lo que pueda cambiar, y que acepte lo que no pueda cambiar. Porque es así, porque el hecho de que enjuiciemos no significa que vayamos a cambiar nada, y si acaso muchas veces empeoraremos las cosas.

Y de este modo, sólo conseguiremos mal para mí y mal para los demás. Es decir, para todos nosotros. También hay un proverbio que dice «no juzgues, y no serás juzgado». Esa es una gran verdad, porque ¿de qué modo podemos esperar que no nos enjuicien, si somos nosotros los primeros en lanzar la piedra del juicio?

Por eso hay que aceptar las cosas como son y, en lugar de juzgar, sencillamente dejar ir aquello que no nos gusta, para pasar a aceptar la realidad como es. Es mucho más sabio aceptar la realidad como es que intentar cambiar las cosas.

Por supuesto, si me rompo un brazo será mucho mejor se intento cambiar mi situación y así arreglar mi brazo. Pero si una persona no se comporta como yo espero de ella, o cómo me gustaría a mí, a saber por qué motivos, en realidad es mejor dejar las cosas que sean como son, y adaptarme a ellas.

O irme de allí. Esa es la filosofía del autor de este artículo y por ende de lo que yo hago, y lo que intento hacer. Dejar ir las cosas que no me gustan, y no entrometerme en ellas. Porque ¿quién soy yo para meterme en las cosas que no me gustan, si además encima muchas veces no las puedo cambiar y, tal vez, sólo las empeoro con mis “manazas”?

Otra cosa es que afecten al bien general, para lo cual tenemos todos un llamado a revelarnos contra la autoridad que está causando el disgusto a todos. Pero eso otro tema. Ahora hablamos de juicio moral.

Por otra parte, ocurre también muchas veces que metemos nuestras propias necesidades psicológicas en nuestros juicios y valoraciones. Por ejemplo, suele ocurrir a veces que cuando renunciamos a alguien o algo, es porque nos hace sentir mal respecto a nosotros mismos.

Con lo cual nos entrometemos en nuestra propia necesidad de sentirnos competentes y valiosos, en el comportamiento de los demás. Me explico. Si alguien dice que no le gusta el Real Madrid, para que se entienda con ejemplos básicos, y yo soy fan del Real Madrid, me puedo sentir ofendido.

Entonces podría escupir sobre la moral de esa persona y decir que esa persona es algo así como un “gusano”, y que no merece nada. Pero la realidad, desde mi punto de vista, es que sólo porque a mí me guste mucho el Real Madrid no significa que a otros les tenga que gustar también.

Por tanto, parte de este punto consiste en incluso tratar de hacer que la gente piense como pienso yo, y si no, juzgarles. Craso error, porque nadie puede parar la fuerza de las propias ideas. Es así como podemos demostrar casi científicamente como enjuiciar nunca lleva a nada.

Otra cosa, distinta esta vez, es enjuiciar en cuanto a describir una situación objetiva. Por ejemplo, si yo digo hace 37°C en la calle, no estoy mintiendo a nadie. Sencillamente digo la realidad como es. Y no ofendo a nadie que no se quiera ofender.

No es un juicio moral, sino que se trata de un juicio descriptivo de una realidad que nos acompaña a todos, y que de hecho podemos demostrar además científicamente. Otro ejemplo es el siguiente, esta vez de un corte distinto pero también enjuiciativo.

Porque no conviene mezclar lo anteriormente descrito con el hecho de que, porque una persona tenga un defecto físico, por ejemplo, digamos que esa persona es cabezona, narizona u orejón. Eso no son juicios morales sino que incluso son insultos y faltas a la atención de todas las personas merecen.

Porque la palabra clave para todo juicio o juicio moral ha de ser siempre el amor. Si se enjuicia que sea con amor. No ha de haber ni buscarse ningún motivo para insultar ni faltar el respeto a nadie. Si se reprende a alguien debe ser por amor, para cuidar de él, no para hacerle sentir mal. Ahí está otra clave de en qué consiste un verdadero juicio.

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