Fuerza de voluntad

Cuando empleamos nuestra fuerza de voluntad, lo hacemos para hacer todas las cosas según nuestro propio criterio. Tenemos una voluntad, para emplearla y para lograr nuestras metas personales.

De ahí que todos nuestros padres y familiares, amigos y profesores nos han dicho durante toda la vida que debemos tener una gran fuerza de voluntad, para lograr todos nuestros propósitos vitales. Y en parte es una gran verdad, sino una verdad completa.

Por que si no somos bolsas que se las lleva el viento. Porque sin voluntad no somos nada, porque sin ella somos pequeños seres que no tienen metas ni propósito en la vida. Sin voluntad no sabemos qué queremos y, sin voluntad no sabemos qué cosas podemos lograr porque no nos hemos logrado poner a prueba.

Es así como son las cosas. En cambio con la fuerza de voluntad necesaria para lograr nuestros objetivos podemos tener por seguro que estaremos viviendo la vida al máximo nivel. Teniendo el máximo dinero, dentro de lo que podamos tener.

Obteniendo las máximas gratificaciones de la vida, y las cosas con más estatus. Porque nosotros merecemos algo mejor que todo lo que los demás tienen, y merecemos tener algo que nos valga para ser distintos a los demás.

Siempre mirando claro está, más allá de nosotros mismos. Cuando logramos encontrar nuestro propósito en la vida, ya sea acumular más fama, más nivel adquisitivo o nivel social, debemos tener muy presente que los demás no siempre van a estar a nuestro alcance.

Esto es, mucha gente no nos va a querer ayudar con lo cual lo tenemos que hacer todo nosotros mismos.

Es decir, en la vida para ser feliz es mejor no contar mucho con los demás, salvo para tener algunas amistades y salvo para encontrarnos con gente con la que nos podamos ayudar mutuamente, dentro del nuestro propósito vital.

Es lo que se denominaría una suma de intereses. Así sí de verdad podemos avanzar, gracias a nuestros aliados de propósito en la vida. Y así es la forma en la que obtenemos nuestras metas poco a poco.

Subiendo por la escalera, encontrándonos con gente indicada que nos podrá ayudar a lograr nuestros objetivos. Porque, de lo contrario, al final los que terminaremos sirviendo a los demás seremos nosotros, y nos sentiremos defraudados, unos perdedores o explotados, mejor dicho.

Y a nadie en su sano juicio le puede gustar eso. Por lo tanto no tengamos miedo a decir lo que de verdad pensamos. Hagamos algo con nuestras vidas e intentemos acaparar lo máximo posible para vivir vidas felices sin contar necesariamente mucho con los demás.

Aprovechemos nuestros talentos que son muchos seguramente, y nuestra inteligencia, aprovechemos la motivación que nos dan otros para ser felices y lograr nuestras metas. Sólo así lograremos ser felices en la vida, salvo que seamos cristianos.

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