Estrés Postraumático

Algunas personas se han enfrentado en sus propias vidas a sucesos que han puesto en peligro o directamente han terminado con su percepción de lo que era la vida. Estos sucesos no ha sido otra cosa que situaciones que hacen que veamos nuestra vida en peligro.

Cuando pasan determinadas cosas consideradas como cosas fuertes para los otros, así como para nosotros mismos, nos damos cuenta de que la vida es más frágil de lo que parece.

Lo que ocurre es que a menudo damos por sentado que la vida es una cosa que tenemos por cierta, como algo regalado de manera ilimitada, y cuando sucede algo que la pone en peligro entonces empieza el estrés.

El estrés postraumático es un síndrome, es decir, un conjunto de síntomas que se exponen unos con otros y que actúan de tal manera que sentimos que se nos acaba el mundo literalmente. Es lo que podemos decir cuando sucede algo terrible de verdad, como un tornado, una violación, un ataque, un asalto en el que pongan en peligro nuestra vida.

Aunque también es cierto que se han escuchado casos en los que una persona, con el mero hecho de escuchar algo terrible que le ha pasado a otro, empezó a desarrollar síntomas de estrés postraumático al imaginarse que eso a lo mejor le podía ocurrir también.

Así es como empiezan los problemas, es decir, cuando empezamos a desarrollar síntomas de estrés postraumático, como sentimientos de miedo o temor respecto de nuestra propia seguridad física o mental, y a nuestra propia supervivencia.

No nos queremos adentrar mucho, en este artículo, en los síntomas, pero en realidad lo que ocurre es que, sencillamente, vemos en peligro nuestra vida. Y al final lo que sucede es que desarrollamos estos síntomas que vienen a raíz de un estrés repentino o, en lo contrario, de un estrés continuado que hace que poco a poco veamos cómo no podemos dormir.

Así, de ese modo, desarrollamos insomnio, tenemos dificultad para construir nuestra propia mentalidad, nuestro propio sistema de valores, etcétera. Y también ocurre lo siguiente, que no nos podemos concentrar, y que sencillamente no podemos aguantar la vida como es ni tolerarla.

También nos volvemos más irascibles con las personas que nos rodean, y eso puede dejar mella en nuestras relaciones. Por eso puede dejar mella en nuestras relaciones con otros seres queridos porque es verdad que ellos no tienen la culpa de nuestros síntomas.

Y, si no son en exceso comprensivos, lo que va a ocurrir es que, sencillamente, se va a echar todo por tierra salvo que alguien actúe y haga algo por recuperar las amistades o relacione en las que estamos.

En definitiva, el estrés postraumático es una cosa muy antigua a la que sencillamente han calificado con este nombre desde hace no tanto tiempo dentro del campo de la psicología. Y todo ello hace que sea una situación muy difícil de predecir, y un antes y después en la vida de muchos.

Algunos de los cuales no siempre se recuperan sino que lo que tienen que hacer es adaptarse a ese nuevo conocimiento de lo difícil que es la vida, y vivir con ello. En contraposición a negar la debilidad y fragilidad de la vida misma.

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