Depresión Por Amor

Muchos de nosotros, los que en especial leemos autoayuda, hemos experimentado alguna vez que es la depresión. Entendedme, no digo que otras personas no lo sepan, sencillamente digo que nosotros, parece, somos más sensibles a este episodio.

Sensibles en el sentido en que nos damos cuenta y nos percatamos antes de estas depresiones, lo cual nos empuja a buscar ayuda. Tenemos un llamado a ser sanos mental, física y espiritualmente, y muchas veces nos damos cuenta antes y nos preocupamos por nuestra salud mental.

Hay personas que se pueden deprimir y no van a buscar ayuda, sino que va a intentar tan sólo que salgan adelante los planes que tenían. Nosotros, muchos de los que estamos leyendo esto, sentimos cuando nos sentimos mal que queremos ante todo sentirnos bien, por encima de las cosas que queremos lograr.

Pero ocurre que muchas veces asociamos el hecho de sentirnos bien a que se lleven otros planes adelante. Y qué plan hay en la vida más importante que el del amor. Ninguno, afirmo y me atrevo a decir.

Pero, lamentablemente, vivimos en un mundo caótico, en el que cada uno a veces mira por sí mismo, salvo algunas honrosas excepciones. Y a veces parece como si se tratase de conducir por una carretera sin semáforos, o por una ciudad sin ley que la gobierne.

Yo le gusto a una y a mí me gusta otra, como suele decir el tópico. Y así, sucede que nos enamoramos de personas que no nos prestan la atención que nos gustaría, y nos deprimimos.

Estas depresiones por amor no son nada agradables, y van en detrimento de nuestro sistema físico y psíquico, de nuestro sistema vital en general, pero tienen una ventaja que es que si se llevan bien pueden fortalecer nuestro espíritu.

Así es que pueden irradiar de bienestar y de confianza al resto de nuestros sistemas emocional, físico y psicológico. Porque una depresión por amor es eso. Es ver frustrados nuestros planes más deseados en un momento dado, y no hay nada que toque más nuestras fibras que el amor.

En el amor nos ponemos en riesgo y dejamos expuestas nuestras debilidades así como fortalezas, con la diferencia de que son los fracasos los que nos ponen a solas con nuestras faltas y nuestras incapacidades para hacer determinadas cosas bien.

Al menos nos hacen compararnos con otros que sí tienen lo que nosotros deseamos, y es así que nos sentimos a veces inferiores. Esto es lo que es una depresión, que lo es para nuestro sistema emocional y psicológico porque no podemos continuar más con este peso que tenemos encima. El de no conseguir lo que tanto queremos.

Pero no quiero decir que no haya salida a esto. Y ni siquiera tenemos que dejar de amar a la persona que queremos, aunque ella no nos ame a nosotros o él. La clave de una depresión por amor no está en obtener el amor que queremos, sino en aprovecharlo como una oportunidad más de crecimiento.

Hablo especialmente cuando se trata de un amor no correspondido. Y aquí hay que distinguir varios planos. El plano físico está acompañado del plano psicológico primeramente, el cual se deprime porque nuestro sistema psicológico está hecho para obtener lo que quiere y, si no, protesta.

Así es que nos sentimos deprimidos y sin ganas de vivir ni de nada. Pero por otro lado está el plano espiritual, que es el que asociamos al cielo.

El plano espiritual se beneficia mucho de las pérdidas a nivel humano. Es decir, cuando yo me frustro física y psicológicamente, estoy en cierto modo si lo llevo bien, o sea sin rencor ni resentimiento, fortaleciendo un espíritu inmenso.

Por eso nadie dice que se obtenga el cielo sin sufrir. Hay que sufrir mucho para llegar a un estado en el que estemos contentos con nosotros mismos de forma genuina, aunque no salgan nuestros planes bien. Porque ¿acaso en la vida salen bien todos los planes? No. Ni en tuya, la mía ni la de nadie.

Por lo tanto lo vamos a decir así. Estás deprimido por amor, y sientes un dolor físico que te rompe el corazón y el alma, un dolor real en el estómago como si tuvieras abierta una herida allí mismo. Eres tú: tu carne y tus huesos.

Lo que tienes que hacer es transmitir el dolor a tu espíritu, por medio de Dios. Y así fortalecer tu espíritu, de modo que lo que pierdas en la carne lo ganarás en el espíritu, un espíritu que es infinito y mil veces más potente que tus huesos y carne juntos.

Por lo tanto, toma tu pérdida amorosa como una ganancia a largo plazo aunque ahora duela. Nadie puede quitar tu dolor, sólo el tiempo y una adecuada gestión espiritual y psicológica. Pide ayuda si te hace falta.

Pero que sepas que la frustración de nuestros deseos a menudo es un síntoma de buena suerte en otros aspectos, que ahora no lo ves, pero que en realidad son incluso más importantes.

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