Cambiar de profesión

Cambiar de profesión es algo que a veces en la vida hay que tomar la decisión y hacerlo. No siempre nos gusta la profesión que tenemos, de hecho como elegimos nuestra profesión a menudo en años muy tempranas de nuestra vida, en especial de nuestra vida laboral, podemos cometer errores.

Errores a veces grandes, ya que nos metemos en profesiones guiados por los motivos incorrectos, lo que da lugar a equivocarnos en la elección de nuestra labor, de nuestro trabajo, y lo que crea una amplia insatisfacción que se va acumulando durante años y que queremos intentar cambiar como sea.

Frente a la culpa que otras personas nos quieren imponer cuando queremos cambiar de profesión, en especial algunos familiares y supuestos colegas de trabajo, es algo muy sano cambiar profesión sobre todo cuando vemos que no tenemos manera de disfrutar y ya lo hemos intentado con fuerza.

Nadie tiene que trabajar para sufrir. Es verdad que a veces ocurre que sufrimos mucho el trabajo, y que hay gente que es casi esclava de sus propias condiciones de vida. Pero eso no significa que esté bien y que sea algo que hay que asumir como aceptable.

Estando en una situación de este tipo lo que hay que hacer es salir cuanto antes de esa situación, y convertirnos en trabajadores honestos, respetuosos, internos y responsables, pero sobre todo felices.

Porque nadie puede hacer su trabajo bien de forma continuada, sin hacer bien la elección de su profesión, si no está contenta o contento con su trabajo. Por ejemplo, cuando alguien elige una profesión, digamos la de agente de viaje, uno puede pensar que va a viajar mucho más que otras personas, aunque sea sólo por estar rodeado de viajes todo el día en el trabajo.

Y debido a esto último, el viajar estará al final y formará parte de nuestro carácter. Pero eso no significa que por viajar más de lo común, vaya a tener mejor estilo de vida, o vaya a valorar más lo que tiene porque si va a sufrir un año entero para viajar diez días en ese año, no habrá merecido la pena.

Por lo tanto, al trabajo podremos ir disfrutando prácticamente cada día, o que al menos cada día tengamos actitud de disfrute en el lugar de trabajo. Porque si no se hace interminable y eterno, en el peor de los sentidos de la palabra. Y nadie quiere verse en esa situación de odiar su trabajo tanto.

Así que ya que no podemos elegir mejor nuestra profesión en un inicio, porque nadie puede volver al pasado, intentemos lograr descubrir qué cosas nos gustan a la hora de cambiar profesión. Por ejemplo, ¿nos gusta trabajar con gente o trabajar con otro tipo de cosas, como números o máquinas?

Es una cosa que hay tener en cuenta. Y también hay que tener en cuenta qué talentos tenemos, cuáles son nuestras propensiones naturales, las inclinaciones normales de nuestra voluntad. Una buena pregunta es, ¿adonde va mi mente cuando la dejo sin controlar?

Y a veces va a sitios que es donde está lo que de verdad nos interesa. Por eso de esta buena pregunta puede servir como inicio para ver qué más nos gusta de otras profesiones. A partir de ahí, lo único que podemos hacer es intentar elegir bien y poner nuestra buena fe, sabiendo que incluso por segunda vez nos podemos volver a equivocar, pero sin tener miedo.

Porque el miedo suele actuar como límite y no como apoyo. Eso sí, tampoco debemos de ser imprudentes. Hemos de saber que nuestras decisiones conllevan errores y aciertos y, más que eso y sobre todo, consecuencias.

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